Una pequeña historia os debo contar.
Cuando el reloj se paso de las dos de la tarde el minutero paso los 20 pasos para llegar a los 30 y el secundero siempre rápido nunca perdono los minutos. Tanto estrés se encontraba este reloj en la relajada muñeca de Mauro.
Reloj que le había regalado el padre adinerado de Mauro, pequeño y estresado al ver que Mauro no apreciaba cada hora, minuto y segundo que tan brillante quería que apreciara.